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Año 18, Vol. 35, No. 1, Enero-Junio, 2025
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Atribución-NoComercial-NoDerivadas95 Recibido: 05/05/2021 - Aprobado: 19/05/2025
Scarpino, P. (2026). Diálogos feministas y sexo/disidentes: Tres guineas y el Frente de Liberación Homosexual.
Ciencia e Interculturalidad, 35(1), 95-108. https://doi.org/10.5377/rci.v35i1.21974
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Atribución-NoComercial-NoDerivadas
Diálogos feministas y sexo/disidentes: Tres
guineas y el Frente de Liberación Homosexual
Feminist dialogues and sex/dissidents: Three Guineas and the Homosexual Liberation Front
Pascual Scarpino1
RESUMEN
El Siglo XIX es el siglo de los movimientos sociales emancipatorios, en el cual el
feminismo aparece por primera vez como un movimiento de carácter internacional,
con una identidad específica, mostrando sus primeros puntos de una agenda que puso
de relieve la situación de opresión de la mujer. Décadas más tarde, la emergencia de
las primeras reivindicaciones homosexuales complejizaría el debate y las disputas.
En el presente artículo reflexionamos en torno a las reverberancias que conviven
transhistóricamente y dan forma a las (des)articulaciones entre feminismos y
movimientos sexo-disidentes. Tomaremos el caso de Tres guineas de Virginia Woolf
como un aporte ineludible a la historia posterior del movimiento LGBTIQ+. En una
lectura crítica de la historia de los feminismos, nos preguntaremos: ¿es posible -y en
qué términos- leer la genealogía feminista de la historia de las mujeres, como una
historia de movimientos y reivindicaciones que sentaron las bases, abrieron camino,
y favorecieron una experiencia colectiva que serviría como acumulado histórico para
la expansión de los márgenes de las demandas de las disidencias sexo-genéricas? En
términos metodológicos, considerando Tres guineas como crítica cultural y política
al orden masculinista, indagaremos en torno a los posibles ecos que el feminismo de
la primera ola podría significar para otros movimientos socio/sexuales posteriores,
particularmente al Frente de Liberación Homosexual de Argentina. Concluiremos
señalando que la noción de outsiders representa un nexo narratorial potente y posible
para comprender los lugares compartidos de enunciación y disputa contra el patriarcado.
Palabras clave: Virginia Woolf; Frente de Liberación Homosexual; feminismos;
LGBT
1 Licenciado en Trabajo Social, candidato a Doctor en Estudios de Género. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de
Córdoba. Correo electrónico: pascual.scarpino@unc.edu.ar ORCID: https://orcid.org/0000-0001-7438-8392
Bachelor of Social Work, PhD candidate in Gender Studies. Faculty of Social Sciences, National University of Cordoba

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96 CIENCIA E INTERCULTURALIDAD, Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025.
ABSTRACT
The 19th century is the century of emancipatory social movements, in which feminism
appears for the first time as a movement of international character, with a specific
identity, showing its first points of an agenda that highlighted the oppressive situation
of women. Decades later, the emergence of the first homosexual demands would make
the debate and disputes more complex. In this article we reflect on the reverberations
that coexist transhistorically and shape the (dis)articulations between feminisms and
sex-dissident movements. We will take the case of Virginia Woolf's Three Guineas as
an inescapable contribution to the subsequent history of the LGBTIQ+ movement.
In a critical reading of the history of feminisms, we will ask: is it possible - and
in what terms - to read the feminist genealogy of women's history as a history of
movements and claims that laid the foundations, paved the way, and favoured a
collective experience that would serve as a historical accumulation for the expansion
of the margins of the demands of gender-dissident sex? In methodological terms,
considering Tres guineas as a cultural and political critique of the masculinist order,
we will inquire into the possible echoes that first-wave feminism could have for other
later socio/sexual movements, particularly the Frente de Liberación Homosexual de
Argentina (Homosexual Liberation Front of Argentina). We will conclude by pointing
out that the notion of outsiders represents a powerful and possible narrative nexus
for understanding the shared places of enunciation and dispute against patriarchy.
Keywords: Virginia Woolf; Homosexual Liberation Front; feminisms; LGBT
Vita, deja a tu marido e iremos a Hampton Court a cenar juntas al lado del río
y a pasear en el jardín a la luz de la luna.
Llegaremos a casa tarde, nos beberemos una botella de vino
y te diré todas las cosas que tengo en mi cabeza, millones, miríadas.
No se agitarán durante el día, sólo en la oscuridad, junto al río.
Piénsalo. Deja a tu marido, te digo, y ven.
Virginia Woolf a Vita Sacville-West
Machismo-Fascismo, rezaba una vieja consigna
del minúsculo Frente de Liberación Homosexual.
Tal vez en el gesto militar del macho está ya indicado el fascismo de las cabezas.
Y al matar a una loca se asesine a un devenir mujer del hombre
Néstor Perlongher1
1 Publicado en Fin de Siglo No. 16, octubre de 1988

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I. INTRODUCCIÓN
Podríamos partir de un acuerdo: la tan pretendida promesa que la Revolución
Francesa expresaba a finales del siglo XVIII en torno a la erradicación de las fuentes
autoritarias, y su consiguiente emergencia del individuo con plena condición de
ciudadano, fue relativizada desde Olympe de Gouges (1791) y Mary Wollstonecraft
(1792/1985) en adelante, y ni la ejecución de la primera funcionó como disciplinador para
hacer desaparecer un núcleo de interpelaciones que ponían en cuestión -y continúan
discutiendo- el rostro del sujeto de derechos y su supuesto carácter universal.
En este sentido, el siglo XIX encontró en el relato de la modernidad una condición
de posibilidad para poner de manifiesto la necesidad de acabar con una serie de
operaciones antidemocráticas que hegemonizaba no pocas estructuras societales a lo
largo y a lo ancho del planeta. Son las décadas de los años ‘40 y ‘50 las que estuvieron
caracterizadas por una serie de micro-revoluciones burguesas en Europa, y son también
aquellas en donde la abolición de la esclavitud, vinculada al programa ideológico del
liberalismo de los siglos XVIII y XIX, se constituyó como un parteaguas social que fue
condicionando el modo de mirar las relaciones sociales que sostenían un sistema de
relaciones de opresión y desigualdad en términos económicos, culturales, sociales y
políticos.
Es el siglo XIX el siglo de los movimientos sociales emancipatorios, en el cual el
feminismo (noción que reconocemos a Hubertine Auclair) aparece por primera vez
como un movimiento de carácter internacional, con una identidad teórica y organizativa
(De Miguel, 2011). Esta experiencia, la del feminismo de la primera ola, muestra sus
primeros puntos de la agenda, en tanto comienza a ponerse de relieve hacia fines del
XIX que la situación de opresión de la mujer es uno más de los eslabones en esa larga
cadena de subalternidades, y comparte posiciones de desigualdad relativa con el negro
-representado como lo no/ciudadano, racializado, esclavo y varón no/feminizado. Es
entonces cuando la denuncia por otro estatuto de ciudadanía por parte de ciertas
mujeres comienza a cobrar visibilidad, sentando un precedente que la historia no
podrá desconocer jamás.
Este conjunto de procesos inéditos que se irán desarrollando tanto en Estados
Unidos como en algunos países de Europa, fueron provocando el corrimiento de las
reflexiones individuales de ciertas mujeres predecesoras al feminismo, hacia una
experiencia que convergerá en un abanico de procesos cada vez más colectivos, aunque
por entonces no masivos. Desde la Convención de Seneca Falls en 1848 en Estados
Unidos, hacia el Congreso de La Haya en 1915, este primer feminismo aparece como
un aglutinador de las principales demandas de la mujer de la época, traduciéndose
paulatinamente en conquistas que permitirán consagrar otras posiciones a ellas.
Dicha agenda se configurará al calor del entramado feminista que ya por entonces
orbitaba tensamente entre posiciones que se irán complejizando y enriqueciendo con

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98 CIENCIA E INTERCULTURALIDAD, Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025.
el paso del tiempo: debates entre sufragistas y anarquistas, o belicistas y pacifistas
son algunos ejemplos generales de la complejidad de estas décadas.
Ahora bien, este contexto sociohistórico referido -en el cual se presentaron
ciertas condiciones de producción de ideas, posicionamientos y disputas, hace algo
más de un siglo- resulta de interés si abordamos el problema de los modos posibles de
(des)articulación contemporánea entre los feminismos y los movimientos de las disidencias
sexo-genéricas en la actualidad. Reconociendo que la reconstrucción histórica de una
narrativa nunca es lineal, sino que está colmada de intersecciones, asumiremos el
desafío de mirar una dimensión posible en dicho diálogo. En esta oportunidad nos
detendremos en algunas reverberancias transhistóricas y transatlánticas para imaginar
diálogos fértiles en nuestra reflexión.
En este marco, partiremos aquí de la hipótesis de que el aporte que Virginia Woolf
realiza a través de Tres guineas puede ser considerado, al menos, en un doble sentido:
por un lado, y de manera explícita, evidencia y denuncia la desigualdad que enfrentan
las mujeres frente al sistema masculinista y de guerra, que estructura a la sociedad de
su época; pero por el otro, y de modos más sutiles, sus reflexiones pueden considerarse
como aportes a la producción de un núcleo de preguntas y consideraciones generales
sobre la subalternidad, la libertad, la autodeterminación y la igualdad, que a través de
la figura de las outsiders, se nos ofrece como clave de lectura para comprender otros
escenarios sociales en donde los protagonistas son los movimientos de liberación
sexual de finales de los años ‘60 y ‘70 del siglo XX.
En esta línea, miraremos la historia del primer feminismo de manera crítica, como
una narrativa que encuentra una profunda vigencia en las agendas contemporáneas.
Desde este enfoque buscaremos algunas pistas que nos permitan verificar si
efectivamente el movimiento feminista a escala planetaria puede aglutinar en términos
de agenda no sólo la posición de las mujeres, sino también la de un espectro del colectivo
LGBTIQ+. Reconociendo que la capacidad de agencia de este último en tanto colectivo
pudo desarrollarse recién a partir de los años ‘60 del siglo XX, nos repreguntaremos
entonces: ¿es posible -y en qué términos- leer la genealogía feminista de la historia
de las mujeres, como una historia de movimientos y reivindicaciones que sentaron
las bases, abrieron camino, y favorecieron una experiencia colectiva que serviría
como acumulado histórico para la expansión de los márgenes de las demandas de las
disidencias sexo-genéricas?
Este conjunto de interrogantes partirá de comprender junto con Federici
podríamos decir que “La importancia de conocer la Historia, de construir la memoria,
es fundamental (...) aquellos lugares que tienen una memoria y una historia les es más
fácil luchar (...) Para todo conflicto vas a la Historia (qué es lo que pasó), la Historia
para mí es presente” (Federici en Gil y Blasco, 2018, p. 308).

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En esta línea, miraremos la historia de los feminismos de manera crítica, como
una serie de narrativas que encuentran una profunda vigencia con la agenda de ciertas
reivindicaciones contemporáneas, narrativas que, en el sentido de Federici, forman
parte también de nuestros presentes.
En términos metodológicos, considerando los aportes que Woolf realiza en tanto
crítica cultural y política al orden masculinista a partir de Tres guineas, indagaremos
en torno a los posibles ecos que el feminismo de la primera ola podría significar para
otros movimientos socio/sexuales posteriores, particularmente al Frente de Liberación
Homosexual de Argentina. Este modo de analizar la obra de Woolf como una de las
antesalas necesarias para que los movimientos de las disidencias sexo-genéricas
construyeran décadas después y en otras latitudes sus reivindicaciones, responde
al interés por permitirnos re/interpretar los desafíos actuales de la problemática
vinculación entre feminismo(s) y movimiento(s) sexo/disidentes, planteada
anteriormente.
II. DESARROLLO
Tres guineas y una clave de lectura
A lo largo de Tres guineas, Virginia Woolf -a través del personaje que narra/escribe
la carta en respuesta al pedido esgrimido por el hombre culto vinculado al apoyo que
solicita- realizará una serie de consideraciones en torno a la contribución posible para
evitar la paz, a través de la erogación de tres guineas12. Desde el primer momento, la
obra nos demuestra algo muy claramente: el personaje de Woolf aborrece la guerra,
y tiene sobrados argumentos para desentrañar este sentido que estructura la obra en
relación al patriarcado. Rechazar la guerra, algo que el hombre instruido y la narradora
parecen compartir como un acuerdo de primera hora implica, sin embargo, distintas
alternativas que se abren camino a la hora de construir el cómo de tal tarea.
En este marco, la narradora analizará la discriminación que vivencian las mujeres
en relación a sus oportunidades educativas, profesionales y políticas en relación a los
espacios de toma de decisión.
Al acercarnos a esta obra, nos enfrentamos a una crítica contundente al carácter
bélico de la sociedad de su época; a la educación que no garantiza un rechazo al fascismo;
y a la desigualdad que viven las mujeres producto del masculinismo presente aspecto
que, con una filosa pluma, Woolf ridiculizara contundentemente. Es por ello que
emerge la fantasía por algunos renglones de la utilización de la primer guinea para
destruir la Universidad, pues es necesaria una nueva, donde el aprender implique “un
fin en sí mismo, donde la publicidad quede abolida y donde no se otorguen títulos
2 La guinea era la moneda de oro utilizada en el Reino Unido hasta 1971.

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ni se dicten clases, donde no se prediquen sermones y los viejos y emponzoñados
desfiles y vanidades que engendran la competencia y la envidia” (Woolf, 2015, p. 57).
A lo largo de esas páginas, Woolf demostrará punto por punto, la desigualdad
que deben enfrentar las mujeres por el solo hecho de ser mujeres; pudiendo mirar
las instituciones que educan el cuerpo y la mente de las pares de su época, denunciará
cómo el matrimonio y la casa privada -algo que hoy podríamos referir como lo doméstico-
emergen como horizonte y escenario donde se desarrolla el hecho pedagógico de
aprender a ser una mujer.
Hacia el final de la obra, el personaje de Woolf propondrá la figura de las outsiders,
que podemos comprenderla si entendemos que, tal como plantea Lamas (2016):
Tres guineas no es un panfleto típico, no convoca a juntarse, sino a hacer
una revolución desde la posición de outsiders. Su conciencia de exclusión la
lleva a proponer una sociedad de outsiders, de las de afuera (en la traducción
argentina en Sudamericana) y de las extrañas (en la traducción española
de Lumen). Así, Woolf asume la marginalidad en la que se encuentran las
mujeres y la utiliza creativa, subversivamente. (p. 397)
Es decir que, reconociendo su posición históricamente subalterna, entiende que
la sociedad de las de afuera ya existe y se encuentra en pleno funcionamiento, puesto
que ellas, las mujeres, no forman parte del mundo de los hombres de su época, ni de
su Patria, ni de su ciencia.
Dejaremos esta breve descripción de la obra de Woolf pendiente por un momento,
para adentrarnos en la reconstrucción del otro nodo de interés del presente escrito.
El Frente de Liberación Homosexual: síntesis y emergencias
Si pudiéramos rastrear genealógicamente el surgimiento del sujetx colectivx
de la liberación sexual, sin dudas recogeríamos los levantamientos de Stonewall
en 1969 como uno de los hitos de mayor impacto sociopolítico a escala mundial.
Las imágenes protagonizadas por travestis, homosexuales y lesbianas -racializadxs
y empobrecidxs de los suburbios de Nueva York, buena parte migrantes- son
una pieza clave para desentrañar relacionalmente algunos desplazamientos que
caracterizan problemáticamente la experiencia LGBTIQ+ actual. Nos representa
dicha interseccionalidad (Viveros Vigoya, 2016) el artista norteamericano Thomas
Lanigan-Schmidt cuando refiere:
Éramos ratas callejeras (...) puertorriqueños, negros, blancos del sur y del
norte, estaba Debby la Tortillera, y una loquita asiática que se hacía llamar

Diálogos feministas y sexo/disidentes: Tres guineas y el Frente de Liberación Homosexual
101Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025. CIENCIA E INTERCULTURALIDAD
Jade East. Vivíamos en hoteles baratos, edificios ruinosos y hasta en las calles.
Tu hogar era donde estuviera tu corazón. A la mayoría nos habían echado de
casa antes de terminar el bachillerato. (Lanigan-Schmidt en Ferreras, 2019)
Es decir, si nos interesamos por la reconstrucción de la historia de los movimientos
LGBTIQ+, la relectura de los hechos acontecidos conocidos como los Levantamientos de
Stonewall en la Nueva York de finales de los ‘60, parecerían ser un hecho constitutivo
e innegable de lo que más tarde conoceríamos como el movimiento gay/homosexual y
posteriormente LGBT. Estas parias no-heteronormadas, maricas, travestis y lesbianas
fueron quienes construyeron en este espacio un sitio para una socialidad particular
que les permitió producir una resistencia particular que inspiraría a buena parte de
los movimientos por la liberación sexual a escala global.
Sin embargo, si nos atrevemos a construir una lectura atenta de los procesos
que se sucedían en otras latitudes, encontraremos que años antes de las revueltas en
Stonewall, en Argentina en particular, y en Latinoamérica en general, se conformaban
una serie de espacios sociales, culturales y políticos que denunciaban y disputaban
otro orden de cosas en torno a una pretendida ciudadanía homosexual.
En este sentido, podemos identificar que dos años antes de Stonewall, en 1967,
se fundaba en Argentina la primera organización a nivel regional de defensa de los
derechos LGBT: el Grupo Nuestro Mundo (GNM), fundado por activistas que en su
mayoría provenían de clases populares del interior de la provincia de Buenos Aires.
El Grupo Nuestro Mundo, encabezado por Héctor Anabitarte, un ex militante que
había sido echado del Partido Comunista por ser homosexual (Bilbao, 2012), produjo
política en un contexto profundamente adverso dado que aquellos años regía el orden
dictatorial de Onganía. En el año 1971, junto a otras organizaciones entre las cuales
estaban “Safo, agrupación de lesbianas; Nuestro Mundo, de procedencia sindical;
Bandera Negra (anarquistas); Eros, organización proveniente de los sectores medios
universitarios, profesionales y militantes católicos” (Bilbao, 2012, p. 24) conformaron
el Frente de Liberación Homosexual (FLH).
Es necesario resaltar que durante finales de los años ‘60 y principios de los ‘70 se
identifica a escala regional el crecimiento relativo de organizaciones de homosexuales
y lesbianas también en Brasil, México, Colombia y Chile principalmente; décadas en
las que podemos ubicar la primera fase de constitución del Movimiento Homosexual
que, si bien albergaba identidades no-heteronormadas más allá del varón homosexual,
buscaba consolidar un imaginario del Homosexual como un todo, una unicidad del
sujeto no-heteronormado (Figari, 2010).

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En este sentido, reconstruir una lectura histórica desde el Sur pone de relieve
procesos nuestroamericanos que nos permiten, tal como advierten Romero y Simonetto
(2019),
(...) una nueva periodización que disloca las temporalidades marcadas por
las historiografías nacionales y la anglosajona, para proponer una lectura
que relativiza a Stonewall como una bisagra en la historia global de estos
movimientos. (p. 66)
El Frente de Liberación Homosexual, decíamos, surgió al calor de las
transformaciones sociales y políticas que caracterizaron los años ‘60 y ‘70 en Occidente
y, durante su corta existencia, permeó la historia de los movimientos de la disidencia
sexual de una manera rotunda: el FLH disputaba junto a otras tantas organizaciones,
agrupamientos y asociaciones que fueron poblando la escena argentina de la liberación
sexual, un pliego de reivindicaciones profundamente revolucionarias.
Con una fuerte impronta marxista algunas de ellas disputaron los sentidos de las
izquierdas de la época, exigiendo en algunos casos la incorporación de sus exigencias en
el programa del peronismo revolucionario de Montoneros y la Juventud Peronista, o
discutiendo con el anarquismo, en otros. Más cerca o más lejos ideológicamente, estas
organizaciones que conformaron el FLH compartieron un perfil contundentemente
antisistémico: lo que se disputaba era otro orden de sentidos, que se fueron escribiendo
al calor de la resistencia a un cis-tema patologizante de todo aquello que quedara por
fuera del mandato heterosexual.
No solo por ausencia de garantías en términos de derechos políticos, sociales y
culturales, sino tal como quedó evidenciado a partir de la pandemia del VIH-Sida hacia
las décadas de los ‘80 y ‘90 principalmente, el Estado y otras instituciones neurálgicas
de la nación, consolida(ba)n un programa de políticas sexuales de odio, desprecio y
muerte a una parte de la población, por acción u omisión.
Pero a diferencia de otros procesos políticos, el FLH pudo materializar en una
herramienta particular el núcleo de ideas que dialogaba -no sin tensiones- a su interior
como movimiento: la revista SOMOS, la cual fundada en 1973 daba cuenta del momento
de mayor auge del FLH y su intento de masificarse por la vía de su inserción en el
ala izquierda del Peronismo (Simonetto, 2014). Con una tirada que solo contó con
ocho números, pero una interesante cantidad de ejemplares si se contextualizan las
condiciones de producción y divulgación de este tipo de apuestas en aquel contexto,
se comprende que SOMOS:
(...) constituyó a todas luces una experiencia contra cultural. Otros proyectos
desarrollados en Argentina y en Latino América, dan cuenta de que la
publicación era sintomática de un proceso subterráneo que iniciaba su

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proceso de emergencia. Muchas de ellas se desarrollaron como prácticas
de desobediencia sexual, como estrategias poético – políticas mediante las
cuales se problematizaron los ordenamientos de saber/poder del régimen
mayoritario heterosexual. (Simonetto, 2014, p. 5)
De este modo podemos reconocer que el Frente de Liberación Homosexual produjo
un conjunto de críticas a un sistema político, cívico y cultural por su carácter patriarcal
y capitalista, y su denuncia “(...) no estaba dirigida solamente a los sectores de la
derecha fascista o los más conservadores de la oligarquía nacional, sino también a
aquellas organizaciones de izquierda revolucionaria que no concebían la lucha por la
libertad de la sexualidad” (Bilbao, 2012, p. 26).
Es en el marco de dicho entramado de interpelaciones propuestas por el FLH
que surge la pregunta por lo que podríamos entender como las condiciones para
la enunciación de tales reclamos. Es decir, resulta necesario poder comprender
este núcleo de planteamientos en una malla histórica que es dinámica, y en la cual
confluyen diversos movimientos que hoy podemos comprender a la luz de los masivos
movimientos feministas, pero para la época, eran aún cuestión de algunxs pocxs.
Ciudadanía, libertad sexual e igualdad de derechos fueron algunas de las
prerrogativas bajo las cuales el FLH provocaba otros modos de comprender el mundo,
discutiendo incluso con los programas políticos de izquierdas donde el ‘hombre
nuevo’ que tanto Fidel Castro como “El Che” Guevara prometían, emergía con un
perfil que sintetizaba virilidad, rudeza y una marcada heterosexualidad. El FLH
buscaba dialogar con esa izquierda local que, en su expresión peronista, comunista,
trotskista o guevarista, encontraba en Cuba una referencia a nivel global (Romero y
Simonetto, 2019).
Las dictaduras a lo largo y ancho de Nuestramérica, implicaron la oclusión de
estos procesos democratizantes mediante la desaparición, tortura y asesinato de
militantes, homosexuales, travestis y lesbianas. Como antesala de la triste historia
de la última dictadura cívico/eclesiástico/militar en nuestro país, lxs militantes del
Frente de Liberación Homosexual debieron disolver la organización para preservar
sus vidas en 1973 y, con ella, se reconfiguraba un capítulo abierto de buena parte
de la historia de la gestación de las genealogías de las disidencias sexo-genéricas
revolucionarias de la región.
Habitantes de una misma tierra: la sociedad de las de afuera
En el marco de este pequeño recorrido, tal como se refirió anteriormente, la obra
de Woolf transformó el dolor producido por una sociedad patriarcal, en un alegato
feminista (Lamas, 2016) que guarda aún profunda vigencia si tenemos la capacidad

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104 CIENCIA E INTERCULTURALIDAD, Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025.
de encontrar en los ecos actuales de su denuncia las huellas de los problemas de la
sociedad de su tiempo: fascismo, sexismo, patriarcado.
Aunque las críticas a su obra fueron muchas y variadas, podemos decir con Lamas
(2016) que “Su incisiva valoración de la diferencia sexual parece caer por momentos
en posiciones esencialistas sobre la masculinidad (...) Sin embargo, en la mayor parte
del texto se maneja con una comprensión del género: construcción social de atributos
femeninos y masculinos” (p. 401). De todos modos, sería injusto no señalar que, en
el contexto de producción de sus ideas, sus planteamientos fueron profundamente
revolucionarios, disruptivos y por ello, muy desprestigiados en aquel entonces.
Por su parte, también intentamos dar cuenta aquí que la configuración de las
demandas esgrimidas por el Frente de Liberación Homosexual en Argentina puso en
cuestión la estructura androcéntrica, homofóbica y capitalista de las sociedades de su
tiempo, discutiendo con los sentidos sociales más conservadores, pero también con
las complicidades de las izquierdas a las cuales intentaban interpelar.
En una especie de ejercicio transhistórico, nos proponíamos al inicio del presente
texto poder considerar cómo, y en qué términos, el feminismo de la primera ola y
particularmente, Tres guineas, puede ser considerado como una antesala necesaria
para la emergencia de los movimientos de la disidencia sexual posteriores.
Y aunque no pudimos resolver hasta el momento tales interrogantes, sí nos
atreveremos a realizar algunas consideraciones de diálogos posibles que parten del
siguiente acuerdo: los elementos que en Woolf se denuncian al respecto del modo de
estructuración socio/sexual son, décadas más tarde, aunque con otras reinscripciones,
los efectos de un mismo orden que el propio Frente de Liberación Homosexual buscó
desarticular: el sistema patriarcal. Ello nos indica que, en algún sentido, tanto las hijas
de los hombres instruidos como los homosexuales y lesbianas podrían compartir algún
aspecto del lugar de enunciación.
En este marco acudiendo a Pedro Lemebel podríamos comprender dicha posición
compartida en términos de subalternidad:
Desde un imaginario ligoso expulso estos materiales excedentes para maquillar
el deseo político en-opresión. Devengo coleóptero que teje su miel negra,
devengo mujer como cualquier minoría. Me complicito en su matriz de
ultraje, hago alianzas con la madre indolatina y aprendo la lengua patriarcal
para maldecirla. (Lemebel, 2000)13
3 Fragmento de El loco Afán. Texto leído como intervención en el encuentro de Félix Guattari con alumnos de la Universidad Arcis,
el 22 de mayo de 1991 (Chile).

Diálogos feministas y sexo/disidentes: Tres guineas y el Frente de Liberación Homosexual
105Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025. CIENCIA E INTERCULTURALIDAD
Devengo mujer como cualquier minoría, refiere Lemebel y es esa síntesis de un
potente acto reflexivo el que nos puede permitir comprender cómo y en qué términos
la hija del hombre instruido y los homosexuales, lesbianas y travestis son coterráneos en
sus márgenes, desde los bordes, de una sociedad que, si las pretende dentro, es en
condiciones de desigualdad. Habitantes de una misma tierra, outsiders de sus geografías
y calendarios, esa subalternidad es aún más evidente cuando reconstruimos algunas
imágenes de lo hasta aquí recorrido.
En primer término, el presente del FLH se conecta con la fugacidad del relámpago
al tiempo de Woolf si pensamos la guerra como el combate abierto en un campo de
batalla contra una serie de mandatos y operaciones patriarcales que condenan a unas
y otrxs indistintamente: donde mujeres, homosexuales, lesbianas, transexuales y
travestis aparecen equivalencialmente como los cuerpos tiesos de las fotografías que
aquel hombre instruido enseña a quien narra.
En segundo lugar, si tomamos la crítica que esgrime Woolf en torno a la exclusión
que padecen las hijas de los hombres instruidos, de las instituciones educativas
formales, podemos rearticular una serie de discusiones en relación a la experiencia
educativa posible o vedada en función del género. A partir de ello, y en el atrevimiento
de analogar para repensar: ¿cómo podríamos vincular la experiencia pedagógica que
el patriarcado significa para los sujetos -en la carne y en la sangre en el sentido de
Horkheimer y Adorno refiriendo a la industria cultural- a través de su implicación en
distintas instituciones que educan cotidiana e ininterrumpidamente los mandatos
sociales de masculinidad y feminidad hegemónica?
El recorrido de los movimientos de la disidencia sexual, y en particular del caso
del FLH parece pivotar entre encender la llama para quemar la universidad social del
patriarcado hasta la disputa aggiornada al discurso moderno de los derechos humanos.
De un extremo al otro, y con los grises existentes en su centro, lo que sí aparece como
acuerdo es la necesidad de transformar el reflejo poco representativo que el espejo
patriarcal devuelve sobre la experiencia humana posible, en uno y otro tiempo.
En síntesis, asumir la posición de outsiders, de las extrañas, de las de afuera como
respuesta política al desplazamiento y violencia patriarcal sistemáticos parece ser
un eje vertebrador en el diálogo posible. En este sentido, Tres guineas emerge con la
fortaleza y claridad de politizar las necesidades y padecimientos que vivencian las
mujeres de su época, respondiendo irónica y creativamente. El personaje que narra
aquella historia no está interesado en ocupar el mundo que se encuentra del otro lado
del Támesis, si ello implica hacerlo en los términos que el patriarca establece. Ubicada
en las orillas, la crítica de Woolf contra el fascismo nos recuerda los planteamientos, aún
vigentes, del FLH y de los movimientos de liberación sexual en torno a la desigualdad,
la represión y la violencia. Una denuncia contundente a los órdenes a partir de los
cuales se estructuran las posibilidades del goce y el padecimiento en función de una

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idea totalizadora que discrimina entre lo humano y lo otro del mundo según sus criterios
de civilización y barbarie. Sin embargo, en Woolf la Sociedad de las de Afuera aparece
entonces como lo otro reivindicado, como posibilidad de espacio desde el cual existir
y resistir sin continuar cediendo identidad, sosteniendo la indiferencia a un mundo
masculinista que ha resultado históricamente hostil. Una sociedad anónima y secreta,
fundada a partir de los principios de igualdad y paz, que relocaliza lo propio de lo
ajeno tensionando hasta la idea misma de Patria, por su carácter patriarcal que les ha
negado a las mujeres la posibilidad de la educación y cualquier forma de participación,
condenándolas a ser meras esclavas.
La Sociedad de las de Afuera, donde las mujeres dejan de ser de los hombres
instruidos y devienen por fin ellas mismas, es también la sociedad de homosexuales,
travestis y lesbianas que hartxs de las exclusiones y represión del Estado y los Partidos,
deciden articular sus denuncias para imaginar otro mundo posible. Es decir, considerar
La Sociedad de las de Afuera como propuesta que politiza la experiencia de lo no-
masculino desde un borde que discute e irrumpe frente al estado patriarcal.
Quizás aquella sociedad que proponía Woolf a través de su narradora no sea otra
cosa más que la experiencia de un ensayo cotidiano por romper con las fronteras que
constriñen, cotidianamente, a las identidades feminizadas.
III. CONCLUSIONES
• En el mismo sentido que Boaventura de Sousa Santos (2006), se consideró
este ejercicio como un intento por batallar las ausencias que tanto la academia
como los feminismos y movimientos sexo/disidentes producen para sí.
• La constitución de una narrativa epistémica otra de los feminismos como
movimiento es un ejemplo de las disputas por nombrar lo invisible a los ojos de
“La ciencia”. Hablar desde algún margen y textualizar en un grito transhistórico
las reverberancias posibles de diálogos necesarios reconociendo que no
todo está dicho aquí, y que el movimiento resulta de círculos concéntricos,
es también una tarea política que cuestiona una serie de operaciones de
dominación contra las mujeres e identidades no/heteronormadas.
• Un primer gran bloque de preguntas abiertas es aquel que nos trajeron las
feministas de la primera ola e intentamos mirar a la luz de Tres guineas
para comprender junto con ello cómo se estructuraron históricamente las
condiciones que obstaculizaron a la vez que favorecieron décadas más tarde,
la emergencia paulatina de otras reivindicaciones.
• Si bien de los diálogos tensos y las (des)articulaciones que habitan los
feminismos y los colectivos de la disidencia sexo/genérica no abordamos

Diálogos feministas y sexo/disidentes: Tres guineas y el Frente de Liberación Homosexual
107Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025. CIENCIA E INTERCULTURALIDAD
ninguno en particular, intentamos compartir algunas pistas de posibles
interrogantes con el objetivo de desencadenar nuevas preguntas, vinculadas
por ejemplo a las tensiones que ciertas fracciones de la primera y segunda
ola feminista nos muestra en relación a la lucha por el fin de un sistema de
acumulación que es en sí mismo patriarcal, y su eco/contemporáneo entonces
de los años ‘60 y ‘70 del siglo XX, en el marco de la emergencia de un colectivo
homosexual, lésbico y travesti que reclamaba la abolición del capitalismo como
condición para la liberación sexual.
• En síntesis, podemos concluir que la actitud reflexiva propuesta hasta aquí
para mirar a través de algunas lentes posibles, un hilo que entreteje -junto con
otros tantos- la historia de los feminismos y los movimientos sexodisidentes
dialoga de modo tenso e inacabado, al tiempo que consolida las bases de una
serie de intereses y reivindicaciones compartidas que por momentos se unen
y por otros se distancian, pero que de un modo u otro exigen una escucha
atenta: la del grito ancestral que las feministas de otros tiempos esgrimieron
para que aquí, desde el Sur y con corporalidades no heteronormadas, se oigan
y se enriquezcan.
IV. REFERENCIAS
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