
124 Recibido: - Aprobado:
Año 18, Vol. 35, No. 1, Enero-Junio, 2025
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Recibido: 25/04/2025 - Aprobado: 19/05/2025
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Gutiérrez Portillo, Ángel A. (2026). La Iglesia católica en Tabasco, 1810-1872. Ciencia e Interculturalidad, 35(1),
124-154. https://doi.org/10.5377/rci.v35i1.21977
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La Iglesia católica en Tabasco, 1810-1872
The Catholic Church in Tabasco, 1810-1872
Ángel Alejandro Gutiérrez Portillo1
RESUMEN
Este manuscrito hace una revisión breve, pero minuciosa, sobre la historia de la Iglesia
católica en Tabasco en la etapa que comprende de 1810 a 1872. En la investigación nos
centramos en examinar los sucesos más relevantes de la revuelta independentista,
del movimiento antiespañol y del período de Reforma en Tabasco. Esto nos permitió
analizar las disrupciones, coyunturas y disputas entre el Estado y la Iglesia católica
en la entidad, las cuales repercutieron en las transformaciones políticas, económicas,
sociales, culturales y religiosas en Tabasco.
Palabras clave: Iglesia católica, estado, transformaciones, Tabasco
ABSTRACT
This manuscript provides a brief but thorough review of the history of the Catholic
Church in Tabasco from 1810 to 1872. Our research focuses on examining the most
significant events of the independence revolt, the anti-Spanish movement, and the
Reform period in Tabasco. This allowed us to analyze the disruptions, situations, and
disputes between the state and the Catholic Church in the state, which impacted the
political, economic, social, cultural, and religious transformations in Tabasco.
Keywords: Catholic Church, state, transformations, Tabasco
1 Profesor Investigador, División Académica de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, México.
Posdoctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana. Posdoctor en Estudios Sociales por El Colegio
de la Frontera Norte. Doctor en Antropología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Perfil deseable del Programa para
el Desarrollo Profesional Docente. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de la SECIHTI. Correo electrónico: gupalex@
live.com.mx ORCID: http://orcid.org/0000-0002-7349-1221
Research Professor, Academic Division of Social Sciences and Humanities, Juárez Autonomous University of Tabasco, Mexico.
Postdoctoral Fellow in Anthropological Sciences, Metropolitan Autonomous University. Postdoctoral Fellow in Social Studies, El
Colegio de la Frontera Norte. PhD in Anthropology, National Autonomous University of Mexico. Desirable Profile of the Program
for Professional Development of Faculty. Member of the National System of Researchers of the SECIHTI (Secretariat of Science,
Technology and Innovation).

La Iglesia católica en Tabasco, 1810-1872
125Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025. CIENCIA E INTERCULTURALIDAD
I. INTRODUCCIÓN
Entre 1519 y 1880, la Iglesia católica se mantuvo como la institución religiosa
dominante en Tabasco. Sin embargo, entre 1810 y 1872, diversos acontecimientos
alteraron significativamente el rumbo de la sociedad en la región (Gutiérrez, 2021).
Este texto describe, analiza y examina los sucesos más relevantes de la lucha
independentista, del movimiento antiespañol y del período de la Reforma en el estado
de Tabasco. El objetivo es comprender las disrupciones, coyunturas y tensiones entre
el Estado y la Iglesia católica, así como su impacto en los procesos de transformación
política, económica, sociocultural y religiosa en Tabasco.
El movimiento de Independencia iniciado en septiembre de 1810 en el pueblo de
Dolores, Guanajuato, sacudió profundamente al Virreinato de la Nueva España. No
obstante, estos ideales de liberación tardaron aproximadamente cinco años en arribar y
difundirse entre la población en Tabasco. Esta tardía participación no puede explicarse
únicamente, como sugieren algunos historiadores, por la falta de información o la
escasez de medios impresos en la región. Si bien Tabasco era una provincia de difícil
acceso –con un entorno selvático y pantanoso, afectado por condiciones climáticas
adversas–, las noticias eventualmente llegaban. El verdadero obstáculo residía en la
estructura social: los terratenientes, amparados por los gobernantes, dominaban el
territorio y obstaculizaban la alfabetización de indígenas y campesinos. Esto contribuyó
a que gran parte de la población permaneciera en la ignorancia, con una actitud sumisa
y apática que terminó por formar parte de su idiosincrasia.
La Independencia, sin embargo, permitió a criollos y mestizos acceder a los espacios
de poder económico y político previamente controlados por los españoles. El auge del
nacionalismo y la adopción del régimen federal favorecieron la legitimación de este
nuevo grupo dirigente, que impulsó nuevas leyes y reglamentos para consolidar su
presencia política en la entidad. Surgieron entonces diversas asociaciones civiles que,
con el tiempo, evolucionaron en partidos políticos de alcance regional, influyendo en
la configuración social a nivel nacional.
Este proceso también generó una marcada animadversión hacia los españoles
por parte del sector nacionalista. El resentimiento hacia los “gachupines” —término
despectivo utilizado para referirse a ellos— provocó una dolorosa ruptura social.
Muchas familias fueron forzadas al exilio, lo que trajo consigo un duro golpe para la
economía nacional: junto con los españoles se fueron sus capitales, sus conocimientos
y habilidades comerciales en mercados internacionales, capacidades que los criollos
y mestizos aún no dominaban del todo.

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Con la llegada de los liberales al poder, se impulsaron las primeras leyes destinadas
a establecer un marco político acorde a su ideología. Durante los gobiernos de Juan
Álvarez e Ignacio Comonfort se promulgaron las Leyes de Reforma, que desataron el
conflicto entre el Estado y la Iglesia católica debido a sus profundas implicaciones. Estas
leyes eliminaron los privilegios eclesiásticos; entre las más destacadas se encuentran la
Ley Juárez, la Ley Lafragua, la Ley Ocampo, la Ley Iglesias y la Ley de Nacionalización
de Bienes Eclesiásticos.
II. DESARROLLO
Desde principios del siglo XIX comenzaron a vislumbrarse en Tabasco señales
de un porvenir incierto. Como sucedía periódicamente, la región fue azotada por
inundaciones, sequías y plagas que afectaron gravemente al campo, generando
una escasez alimentaria alarmante. Ante esta situación, el 22 de mayo de 1805, las
autoridades locales –incluyendo al gobernador, síndicos, diputados, defensores de
indios y representantes eclesiásticos– se reunieron en Villahermosa. En esa sesión
acordaron solicitar a Nueva Orleans, con quien mantenían un comercio activo, el
envío de dos mil barriles de maíz, doscientos de harina, además de carne, manteca
de cerdo y aceite, libres de derechos reales y municipales, para incentivar su venta.
Tras recibir una respuesta favorable, el gobernador Miguel de Castro y Araoz pidió al
vicario provincial organizar rogativas generales en todas las parroquias (Ruz, 1994).
Al igual que en otras partes de la Nueva España, la población tabasqueña mostraba
su descontento hacia la Corona con acciones hostiles. Este clima de tensión era visible
tanto en las colonias como en España. En 1807, la invasión napoleónica obligó a Carlos
IV a abdicar en favor de su hijo, Fernando VII, quien asumió el trono el 6 de junio de
1808. En la Nueva España se reconoció a Fernando VII como rey, y se iniciaron los
preparativos para su proclamación oficial. El 13 de julio de ese mismo año, en Tabasco
se llevaron a cabo ceremonias solemnes para manifestar la lealtad hacia el monarca
cautivo (Fernández, 2012).
Frente a la ausencia del rey, se propuso convocar a las Cortes Generales y
Extraordinarias, órgano representativo de la sociedad que definiría el rumbo del
imperio. El 29 de enero de 1810 se emitió la convocatoria para integrar estas Cortes,
conformadas por diputados que representarían a cada 50 mil habitantes, incluyendo
a las colonias americanas (Martínez, 2006).
En ese contexto, Tabasco formaba parte del virreinato de la Nueva España y
dependía eclesiásticamente de la intendencia de Yucatán. El virrey Pedro de Garibay
instruyó al gobernador Castro y Araoz para que realizara elecciones y constituyera el
primer Ayuntamiento de Villahermosa. En agosto de 1810 se eligió por unanimidad
al presbítero José Eduardo de Cárdenas, quien era cura de Cunduacán y comisario del

La Iglesia católica en Tabasco, 1810-1872
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Santo Oficio. En septiembre del mismo año emprendió su viaje a España con escolta
de caballería (López, 1980).
Paradójicamente, ese mismo mes, Miguel Hidalgo y Costilla lanzó el Grito de
Dolores, iniciando la lucha por la independencia de México. Sin embargo, Tabasco
permaneció al margen de esta gesta, debido al bajo nivel educativo de la mayoría de su
población como a la indiferencia de criollos y mestizos hacia los movimientos sociales.
Así, la provincia fue más bien espectadora del proceso insurgente (López, 1980).
Jesús Piña (2014), señala al respecto que, el aislamiento geográfico y la composición
étnica de la provincia, predominantemente indígena, favorecieron la adhesión a la
causa realista. Tabasco contribuyó con milicias, voluntarios pardos libres y fuerzas
del regimiento de Fernando VII. Autoridades locales firmaron actas de lealtad al rey
y se comprometieron a destruir cualquier propaganda insurgente, percibida como
hereje y subversiva.
En esta época surgieron dos partidos políticos: el de “La Corona”, defensor de la
monarquía absoluta, compuesto por hispanos, criollos y pardos libres; y el de “Los
Independientes”, partidario de una monarquía constitucional, integrado por criollos,
mestizos y algunos españoles (Aguirre, 2010).
El 27 de febrero de 1811, José Eduardo de Cárdenas juró ante las Cortes de Cádiz.
En julio de ese año envió una memoria al rey, en la que denunciaba el estado crítico
de Tabasco y proponía reformas: la independencia eclesiástica respecto a Yucatán,
la ampliación territorial hasta el río Tonalá, educación gratuita sin distinción de
clase, creación de sociedades agrícolas, comercio justo, elecciones populares para
ayuntamientos y la división del gobierno en tres poderes. Además, solicitó que San
Juan Bautista recibiera el título de “muy noble y muy leal”, en reconocimiento a su
antigüedad como una de las primeras ciudades fundada por los españoles en Nueva
España (De Cárdenas, 1979).
Hacia finales de 1811, el gobernador Andrés Girón impulsó la restauración de la
iglesia principal de San Juan Bautista, porque las dos ermitas existentes no cubrían
la demanda espiritual. Al detectar irregularidades, exigió cuentas a Juan Ignacio
Martínez, mayordomo de la obra desde 1797. Ante su negativa, lo arrestó y solicitó
apoyo al virrey, argumentando que lucharía por la paz y el bienestar de Tabasco
(Martínez, 2004).
Juan Ignacio Martínez, por su parte, denunció una conspiración en su contra,
señalando a autoridades eclesiásticas y civiles, y criticó la formación de una compañía
de artillería que afectaba la agricultura local. Alegó haber sido encarcelado injustamente
durante 19 días, lo que lo obligó a abandonar su hacienda de cacao y demás propiedades.

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Finalmente, fue liberado el 6 de mayo de 1812 por órdenes superiores (Rico y García,
1994).
El gobernador Girón continuó la reconstrucción con el apoyo del obispo de Yucatán,
quien también lamentó el deterioro de las iglesias y la actitud de los párrocos, más
interesados en beneficios personales que en sus deberes espirituales. Los fondos
eclesiásticos, según el obispo, estaban en manos del clero y comerciantes vinculados
a hacendados cacaoteros (Aguirre, 2010).
Finalmente, el 3 de noviembre de 1812, el Ayuntamiento de Villahermosa promulgó
la Constitución de Cádiz, jurada el 25 de marzo de 1813. Esta constitución, la primera
en la historia de España, fue una de las más liberales de su tiempo, aunque su vigencia
fue corta: esta fue derogada el 4 de mayo de 1814 tras el regreso de Fernando VII, quien
restauró el absolutismo y disolvió las Cortes de Cádiz (Martínez, 2006; Aguirre, 2010).
En Tabasco, fue el gobernador Francisco de Heredia, quien asumió la responsabilidad
de disolver los ayuntamientos constitucionales y suprimir la Constitución de Cádiz a
finales de 1814. Para ese momento, ya se había conformado en la provincia un grupo
significativo de personas que respaldaban la Constitución de 1812. Entre los defensores
más destacados se encontraban José Eduardo de Cárdenas, Agustín Ruiz de la Peña,
José Pérez Medina y Antonio de Serra (López, 1980; Piña, 2014).
En los albores de 1815 se sintieron las primeras acciones independentistas en
Tabasco, influenciadas por los movimientos provenientes del vecino estado de Chiapas.
Fue en ese contexto que Anastasio de la Cruz logró tomar por la fuerza la población
de Huimanguillo, lo que volvió a encender los ánimos revolucionarios en la región.
Sin embargo, la captura y ejecución de José María Morelos, el 22 de diciembre de ese
mismo año, provocó un enfriamiento generalizado del impulso insurgente. A pesar
de ello, el movimiento recobró fuerza con la llegada de Francisco Javier Mina en abril
de 1817, aunque su captura y ejecución el 11 de noviembre de ese año volvió a golpear
la causa independentista (Rico y García, 1994).
El 24 de mayo de 1820, la Constitución de Cádiz fue jurada por segunda vez en la
plaza mayor de Villahermosa. No obstante, al año siguiente llegaron a Tabasco noticias
sobre la consumación de la Independencia y la proclamación del Plan de Iguala, ambos
jurados solemnemente el 8 de septiembre de 1821 (Vázquez, 2008). Ese mismo año,
conforme a lo estipulado en la Constitución, se eligió el Ayuntamiento Constitucional
de Villahermosa (López, 1980).
El 5 de julio de 1821 en Tabasco, un grupo de militares y civiles del pueblo
se sublevaron contra el gobierno de Ángel del Toro y se unieron al movimiento
independentista, al que veían con simpatía. La rebelión fue encabezada por José
María Jiménez, pero los insurgentes fueron capturados y enviados al fuerte de la

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barra de San Fernando (actual Frontera), con destino a la prisión de San Juan de
Ulúa. Los rebeldes fueron liberados en septiembre tras consolidarse el movimiento
independentista en Tabasco (López, 1980; Martínez, 2006).
El 8 de septiembre de 1821 arribó a San Juan Bautista de Villahermosa el capitán
Juan Nepomuceno Fernández, al frente de una avanzada del ejército comandado por
el coronel Antonio López de Santa Anna, con el propósito de proclamar formalmente
la Independencia en Tabasco (Rico y García, 1994).
Tras declararse la Independencia en Tabasco, el Ayuntamiento Constitucional de
Villahermosa asumió con entusiasmo la causa, aunque sin mayores sacrificios. Tal era el
fervor de sus integrantes, que en una ocasión interceptaron la correspondencia del correo
y abrieron una carta enviada por el párroco Juan Ramos al cura José María Cabrales
(Aguirre, 2010). En dicha carta, Ramos instruía a Cabrales para cobrar los servicios
religiosos que les adeudaban los hacendados Vicente y Carlos Salas, especificando
que el pago debía realizarse en cacao, según el recibo correspondiente. Además, le
solicitaba que gestionara el cobro de las obvenciones por entierros acumuladas durante
los últimos siete años en Montecristo, aclarando que, si se presentaba la oportunidad,
podía enviarle ese dinero a Campeche a través del comerciante Antonio Redondo. El
29 de marzo de 1822, los síndicos del Ayuntamiento Constitucional de Villahermosa
se reunieron y concluyeron que el contenido de la carta revelaba que Juan Ramos era
contrario al nuevo orden político, advirtiendo que si su influencia se extendía, podría
poner en riesgo el proceso de consolidación del nuevo régimen (Rico y García, 1994).
El 9 de junio de 1822, en la Plaza Mayor de San Juan Bautista, se proclamó
oficialmente a Agustín de Iturbide como emperador de México. El anuncio fue realizado
por el teniente José Antonio Rincón, en un acto presidido por el gobernador del estado,
el español Manuel María Leyton (Martínez, 2006).
A pesar de haberse consumado la Independencia de México, los españoles seguían
ocupando importantes cargos en la administración pública de Tabasco. Es evidente
que Iturbide buscaba mantenerlos bajo su mando con la intención de ganarse su apoyo
y asegurar su lealtad ante una posible insurrección. En este contexto, José Antonio
Rincón fue designado como jefe superior político de Tabasco en julio de 1822 (López,
1980; Piña, 2014).
En marzo de 1823, Agustín de Iturbide abdicó del trono. Las noticias sobre su
renuncia llegaron a Tabasco desde Veracruz. El coronel Manuel Rincón fue quien
comunicó el hecho a su hermano, José Antonio Rincón, comandante general en
la región. Este último, creyendo que la abdicación era temporal, decidió ocultar la
información por un tiempo. Sin embargo, al confirmarse la situación, se vio obligado
a reconocer oficialmente al Gobierno Provisional y al Poder Ejecutivo, conformado

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por Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo y por el español Pedro Celestino Negrete, ante
el Congreso Constituyente de Tabasco (Rico y García, 1994).
En diciembre de 1823 se celebraron elecciones en Villahermosa para renovar
el Ayuntamiento y elegir al representante tabasqueño ante el Segundo Congreso
Constituyente. Resultó electo el presbítero José María Ruiz, a quien correspondió
solicitar que Tabasco fuera reconocido como Estado de la Federación. La petición
fue aceptada y aprobada el 7 de febrero de 1824. Previamente, el 31 de enero se había
promulgado el Acta Constitutiva de la Federación Mexicana, con lo cual Tabasco se
convirtió oficialmente en un Estado libre y soberano (Martínez, 2006).
El 1 de mayo de 1824 se llevaron a cabo las elecciones para integrar el primer
Congreso Constituyente del Estado de Tabasco, que quedó instalado el 3 de mayo.
En su directiva se designó como presidente a Fernando María de los Toyos, y como
secretarios a Nicanor Hernández Bayona y Juan Esteban Campos. El Congreso elaboró
el acta de su instalación conforme al Acta Constitutiva federal. Días después, el 8
de mayo, el Congreso local tomó juramento a Agustín Ruiz de la Peña, originario de
Cunduacán, como gobernador del Estado, y al capitán de milicias Manuel Gurría,
oriundo de Teapa, como vicegobernador. El coronel José Antonio Rincón permaneció
al frente del mando militar como representante del Gobierno Federal (López, 1980;
Martínez, 2006).
El 21 de noviembre de 1824, en la Plaza Mayor de Villahermosa, se juró solemnemente
la primera Constitución de la República Federal de México. Poco tiempo después, el
coronel Antonio Facio partió de Villahermosa rumbo a San Fernando, Veracruz,
dejando al coronel Francisco Hernández como nuevo representante del Gobierno
Federal en Tabasco (López, 1980).
A principios de diciembre de 1824, Tabasco atravesaba una profunda inestabilidad
política, económica y social, comparable —e incluso peor— a la vivida durante la
época colonial. La mayoría de la población padecía pobreza extrema y se encontraba
sumida en el analfabetismo. A nivel nacional, el país se encontraba dividido entre
liberales y conservadores católicos, lo que provocaba un estancamiento en el Congreso
Constituyente. El recinto legislativo se había convertido no sólo en un espacio para
debatir ideas políticas, sino también para defender intereses partidistas. Mientras
tanto, los privilegios del clero y los militares permanecían intactos, ya que ambos
respaldaban al sector conservador, promoviendo la religión católica como única guía
moral, tal como lo establecía la primera Constitución de la República Federal de México
(Rico y García, 1994; Martínez, 2006).

La Iglesia católica en Tabasco, 1810-1872
131Volumen 35, Año 18, No. 1, Enero-Junio, 2025. CIENCIA E INTERCULTURALIDAD
Este escenario provocó el colapso de la principal actividad económica de la época:
la minería. Para hacer frente a la crisis, el Gobierno Federal se vio obligado a recurrir
a préstamos del extranjero ante la escasez de recursos financieros. Dado que la Iglesia
católica mexicana poseía grandes riquezas, tanto materiales como económicas, pero
se negaba a otorgar créditos, el gobierno liberal decidió confiscar algunas de sus
propiedades con el fin de cubrir los gastos más urgentes de la administración (Piña,
2014).
Por su parte, los españoles y ciertos criollos adinerados promovieron la creación
de una república de corte centralista, encabezada por un criollo conservador. Por ello,
respaldaron la candidatura del general Nicolás Bravo, representante del partido escocés,
a la presidencia de la república en 1824. Al perder las elecciones, muchos de estos
grupos vieron frustradas sus aspiraciones, ya que los yorkinos consolidaron su poder
con el ascenso de Guadalupe Victoria como presidente. Aunque Nicolás Bravo obtuvo
la vicepresidencia, este cargo le permitió fortalecer a su partido, ya que las logias, lejos
de ser centros filantrópicos, funcionaban como verdaderos partidos políticos en los que
se disputaba el control del país. Aunque la creación de logias no estaba regulada por
ley ni considerada ilegal, su carácter era prácticamente clandestino. No obstante, estas
agrupaciones permitieron organizar las dos principales corrientes políticas surgidas
con el nacimiento de la república. Esto se evidenció cuando Guadalupe Victoria formó
su gabinete, incluyendo a miembros del partido escocés como parte de una política
de conciliación. Sin embargo, esta medida no fue bien recibida por los yorkinos
federalistas, quienes consideraban que el país debía ser gobernado exclusivamente
por funcionarios con firmes convicciones federalistas (Rico y García, 1994).
El 6 de diciembre de 1824, cuando en Tabasco se percibía una aparente calma
sociopolítica, el gobernador Agustín Ruiz de la Peña fue arrestado y destituido por
orden del general Manuel Mier y Terán, Secretario de Guerra y Marina. Ruiz de la Peña
fue enviado como prisionero a la Ciudad de México para ser juzgado por el Jurado del
Congreso General en 1825. Al día siguiente, el 7 de diciembre, asumió el gobierno de
Tabasco el vicegobernador Pedro Pérez Medina, acompañado por Pedro Rodríguez
como secretario de gobierno (Martínez, 2006).
Entretanto, el 5 de febrero de 1825, el Congreso Constituyente de Tabasco aprobó
la primera Constitución Política del Estado Libre de Tabasco. Esta constaba de 11
capítulos y 224 artículos, iniciando con una declaración solemne: En nombre de Dios
todo Poderoso Creador y Conservador de la Sociedad. El Congreso Constituyente del Estado
de Tabasco, deseoso de cumplir la voluntad de sus comitentes y llenar el fin de su instituto,
proporcionándole su felicidad, y engrandecimiento, decreta para su gobierno interior la
presente Constitución (Piña y Barceló, 2010).

HUMANIDADEs
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En su artículo cuarto, la Constitución establecía de manera explícita que el Estado
tenía la obligación de conservar, proteger y hacer respetar la religión católica, apostólica y
romana, prohibiendo el ejercicio de cualquier otra confesión religiosa (Piña y Barceló, 2010).
La promulgación de esta Constitución tuvo dos efectos principales en el contexto
tabasqueño. Por un lado, le otorgó al gobierno estatal un mayor control sobre la Iglesia
católica, al facultarlo para designar al personal eclesiástico y entablar relaciones directas
con el clero sin intermediación de Roma. Por otro lado, consagró al estado de Tabasco
como oficialmente católico, apostólico y romano. Esta definición jurídica e ideológica
tuvo una profunda influencia en las décadas siguientes, tanto en la identificación
religiosa de la población como en sus prácticas y creencias cotidianas.
Cuando enfrentaba su proceso ante el Jurado del Congreso General en la Ciudad
de México, Agustín Ruiz de la Peña se enteró de que se convocarían elecciones para la
gubernatura de Tabasco, programadas para junio de 1825. Sin anunciarlo públicamente,
abandonó la capital del país y regresó a Tabasco para presentarse como candidato.
Sorprendentemente fue electo como el primer gobernador constitucional del estado y
asumió el cargo el 10 de agosto de ese año. No obstante, al mes siguiente solicitó licencia
por motivos de salud, dejando la administración estatal en manos del vicegobernador
Juan González de Alfaro y del secretario de gobierno Joaquín Burelo (López, 1980).
El 20 de noviembre de 1825, el vicario general Eugenio Quiroga envió una solicitud
al clero tabasqueño en relación con una encíclica emitida por el Papa León XII, dirigida
a los obispos y arzobispos del continente americano. En dicha encíclica, el pontífice
condenaba los movimientos independentistas en América y manifestaba un excesivo
elogio hacia el gobierno absolutista de Fernando VII, rey de España (Martínez, 2006).
Aunque el movimiento de Independencia no tuvo un impacto decisivo en Tabasco,
es importante señalar que influyó notablemente en la transformación cultural de su
sociedad. La provincia se emancipó tras la promulgación de la primera Constitución
Política del Estado de Tabasco, pero la transición del régimen colonial al nuevo orden
republicano no se desarrolló sin conflictos. En este contexto, se produjo un reacomodo
entre los distintos sectores sociales: por un lado, los españoles mantenían el control
del poder local, mientras que criollos y mestizos buscaban acceder a los espacios
más influyentes del ámbito político. Esta pugna, sumada al descontento de las clases
populares, desembocó en la expulsión de los españoles del territorio tabasqueño
(Rico y García, 1994).
La expulsión de los españoles tuvo importantes repercusiones en Tabasco, porque
hacia 1825 muchos de ellos aún ocupaban cargos de relevancia en la vida política y social.
Diversos testimonios contemporáneos dan cuenta de que los hispanos continuaban
siendo reconocidos entre los comerciantes y empresarios más destacados de la región,
además de detentar puestos clave en la administración local. Aquellos españoles que