Información
de artículo:
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Recibido: 30/09/2025
Aprobado: 06/05/2026
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Palabras clave: Otavalo,
criminalización, interculturalidad,
mestizaje, racismo estructural,
pueblos indígenas, Ecuador
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Keywords: Otavalo,
criminalization, Interculturality,
mestizaje, structural racism,
Indigenous peoples, Ecuador
e-ISSN: 2616-8294 / http://recsp.org
Año 6, Volumen 6, No. 1, Junio, 2023
COPYRIGHT © (RECSP). Todos los derechos reservados.
Bautista Márquez, B. S. (2026). Frontera simbólica mestiza y criminalización del cuerpo indígena en Otavalo (Ecuador 2025): Racismo estructural y
conflicto intercultural. Revista Electrónica de Conocimientos, Saberes y Prácticas, 8(1), 109-120. https://doi.org/10.5377/recsp.v8i1.23450
Frontera simbólica mestiza y criminalización
del cuerpo indígena en Otavalo (Ecuador 2025):
Racismo estructural y conflicto intercultural
Brayan S. Bautista Márquez1
RESUMEN
Este artículo analiza el conflicto social ocurrido en Otavalo (Ecuador) en 2025
y propone la Teoría de la Frontera Simbólica Mestiza (TFSM) como marco
interpretativo para comprender cómo opera la criminalización del cuerpo
indígena en contextos de protesta. La TFSM sostiene que, lejos de constituir
un punto de encuentro armónico, el mestizaje funciona como una frontera
simbólica que ordena quién es considerado ciudadano legítimo y quién puede ser
tratado como amenaza. A partir de un enfoque cualitativo crítico, se examinan
discursos estatales, cobertura mediática, testimonios comunitarios y reportes de
derechos humanos para mostrar cómo la represión estatal se justifica mediante
la construcción del indígena movilizado como perturbador del orden. El análisis
evidencia que el cuerpo indígena no es solo objeto de control policial, sino
territorio político en disputa, y que la identidad mestiza urbana actúa como un
dispositivo de legitimación simbólica de la violencia, normalizando la exclusión
étnica en nombre del “progreso” y la “seguridad”. Se argumenta que esta dinámica
no es un hecho aislado, sino expresión de una estructura colonial vigente en el
Ecuador contemporáneo, con paralelos en otros escenarios latinoamericanos.
Se concluye que descolonizar la interculturalidad requiere desactivar la Frontera
simbólica mestiza que convierte la diferencia indígena en sospecha y habilita
su represión.
1 Estudiante de Derecho, Universidad Católica de Cuenca. Investigador independiente. Correo electrónico:
smithbrayan807@gmail.com. Código ORCID: https://orcid.org/0009-0006-0519-3712
Law student, Catholic University of Cuenca. Independent researcher.
e-ISSN: 2616-8294 / https://revistas.uraccan.edu.ni/index.php/recsp/
https://doi.org/10.5377/recsp.v8i1.23450
Volumen 8, Año 8, No. 1, Enero - Junio, 2025
COPYRIGHT © (RECSP)
Frontera simbólica mestiza y criminalización del cuerpo indígena en Otavalo (Ecuador 2025): Racismo estructural y conflicto intercultural
110Volúmen 8, Año 8, No. 1, 2025. REVISTA ELECTRÓNICA DE CONOCIMIENTOS, SABERES Y PRÁCTICAS
Symbolic mestizo border and criminalization of the indigenous
body in Otavalo (Ecuador 2025): Structural racism and
Intercultural conflict
ABSTRACT
This article analyzes the social conflict that took place in Otavalo (Ecuador) in 2025
and proposes the Theory of the Mestizo Symbolic Frontier (TFSM by its Spanish
acronym) as an interpretive framework to understand how the criminalization of the
Indigenous body operates in contexts of protest. The TFSM argues that mestizaje,
rather than functioning as a space of harmonious integration, acts as a symbolic
frontier that defines who is recognized as a legitimate citizen and who can be treated
as a threat. Drawing on a critical qualitative approach, the study examines state
discourse, media coverage, community testimonies, and human rights reports to show
how state repression is justified through the construction of the mobilized Indigenous
subject as a disruptor of public order. The analysis demonstrates that the Indigenous
body is not only the object of police control, but a disputed political territory, and
that urban mestizo identity operates as a mechanism of symbolic legitimation of
violence, normalizing ethnic exclusion in the name of “progress” and “security.” The
article argues that this dynamic is not an isolated event, but rather an expression of
an ongoing colonial structure in contemporary Ecuador, with parallels in other Latin
American settings. It concludes that decolonizing interculturality requires dismantling
the mestizo symbolic frontier that converts Indigenous difference into suspicion and
enables its repression.
I. INTRODUCCIÓN
En el siglo XXI, América Latina continúa enfrentando una paradoja estructural:
mientras los discursos oficiales promueven la interculturalidad y la igualdad formal,
persisten prácticas sociales, institucionales y simbólicas que reproducen jerarquías
coloniales. El caso ecuatoriano, en particular las protestas sociales de 2025 en Otavalo,
ofrece un escenario paradigmático para examinar las tensiones entre modernidad,
mestizaje y colonialidad.
Otavalo, ciudad emblemática por su población kichwa y su tradición artesanal,
se convirtió en epicentro de una movilización indígena nacional frente a las medidas
económicas del gobierno. La respuesta estatal incluyó represión violenta, resultando
en muertes, heridos y denuncias por abuso de poder. Más allá de los hechos concretos,
estos eventos revelaron mecanismos profundos de exclusión simbólica y racial que
trascienden lo coyuntural.
INTERCULTURALIDAD Y CULTURA INDÍGENA
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Este artículo parte de una pregunta central: ¿de qué manera la represión estatal en
contextos de movilización indígena expresa la persistencia de un racismo estructural
sustentado en el mito del mestizaje armónico? Para abordar esta cuestión, se propone
y desarrolla la Teoría de la Frontera Simbólica Mestiza (TFSM), una propuesta teórica
original que articula elementos de la psicología social, la sociología crítica y los estudios
decoloniales.
La hipótesis de fondo sostiene que el mestizaje, lejos de ser una categoría de
integración, funciona como una frontera simbólica que clasifica, diferencia y jerarquiza
a los sujetos en función de su cercanía o lejanía con un ideal de modernidad racializada.
Esta frontera opera de manera simultáneamente psicológica, social y política, y se
reactiva en contextos de crisis o disputa social.
El objetivo del artículo es doble: por un lado, fundamentar teórica y empíricamente
la TFSM como herramienta analítica para comprender la reproducción contemporánea
del racismo en sociedades mestizas; y por otro, contribuir al debate regional sobre la
necesidad de descolonizar las identidades híbridas que articulan nuestras naciones.
A través del caso Otavalo, se busca demostrar la aplicabilidad y relevancia crítica de
esta teoría en la interpretación de conflictos interétnicos contemporáneos.
II. REVISIÓN DE LITERATURA
Racismo estructural y necropolítica
La noción de racismo estructural, desarrollada por autores como Aníbal Quijano
(2000), permite comprender cómo las jerarquías raciales impuestas durante la colonia
han sido mantenidas y reproducidas en las sociedades latinoamericanas postcoloniales.
Lejos de haber sido erradicado, el racismo en países como Ecuador se encuentra
imbricado en las instituciones, el lenguaje, la educación y las prácticas estatales
cotidianas. Esta forma de racismo es invisible en muchos casos, pero efectiva en la
exclusión simbólica y material de las poblaciones indígenas.
Complementariamente, la necropolítica propuesta por Achille Mbembe (2003)
ofrece un marco para analizar el uso diferencial del poder estatal en la gestión de la vida
y la muerte. La represión violenta contra poblaciones indígenas no debe entenderse
como un exceso puntual, sino como una práctica sistemática que indica quiénes son
sacrificables para mantener el orden hegemónico. El caso Otavalo es una muestra
clara de este ejercicio del poder de matar como forma de control racial.
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Violencia simbólica
Pierre Bourdieu (1991) conceptualiza la violencia simbólica como una forma de
dominación que opera a través de símbolos, discursos y prácticas culturales. Esta
violencia no necesita coerción física explícita porque actúa sobre los esquemas mentales
de los sujetos, logrando que la dominación sea aceptada como legítima o natural. En el
contexto del mestizaje, esta violencia se expresa en la interiorización de estereotipos,
en la estetización del indígena como objeto folclórico, y en la invisibilización de sus
saberes y formas de vida.
Psicología de la opresión
Desde la psicología social y política, autores como Frantz Fanon (1952) y Paulo
Freire (1970) han analizado cómo los sujetos oprimidos internalizan estructuras de
dominación. Fanon describe cómo el colonizado adopta los valores del colonizador
en un intento de aceptación que termina generando alienación. Freire, por su parte,
explica que la pedagogía de la opresión genera sujetos pasivos, temerosos de su propia
voz. Leon Festinger (1957) aporta con el concepto de disonancia cognitiva, útil para
entender cómo los mestizos enfrentan contradicciones identitarias al rechazar lo
indígena mientras mantienen un vínculo histórico y biológico con ello.
Identidad mestiza y ambigüedad cultural
La identidad mestiza ha sido presentada tradicionalmente como un símbolo de
unidad nacional en América Latina. Sin embargo, autores como Gloria Anzaldúa (1987)
y Catherine Walsh (2009) han problematizado esta visión. Anzaldúa propone la figura
de la “nueva mestiza” como una conciencia híbrida que debe tolerar contradicciones y
habitar la frontera cultural. Walsh, desde la crítica decolonial, denuncia que el mestizaje
estatal ha operado como mecanismo de blanqueamiento simbólico y exclusión del
otro étnico. Jorge Batres (2014) complementa esta visión señalando que la identidad
mestiza debe ser descolonizada para dejar de ser vehículo de autoexclusión y racismo.
A partir de estos enfoques, se construye la base teórica de la Teoría de la Frontera
Simbólica Mestiza, que se desarrollará en la sección siguiente.
Teoría de la Frontera Simbólica Mestiza (TFSM)
Fundamentos y diferencias con teorías preexistentes
La Teoría de la Frontera Simbólica Mestiza (TFSM) se formula como respuesta a la
necesidad de explicar por qué, en sociedades declaradas interculturales como Ecuador,
persiste una exclusión simbólica de lo indígena dentro del orden social mestizo. Si
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bien teorías como la colonialidad del poder (Quijano, 2000), la violencia simbólica
(Bourdieu, 1991) y la doble conciencia (Du Bois, 1903) explican dimensiones de esta
exclusión, ninguna aborda de forma integral cómo el mestizaje opera como frontera
simbólica interna. En este sentido, Firpo Reggio (2019) ha señalado que la frontera
no es solo un límite geográfico sino un espacio psicosocial de negociación identitaria,
lo cual guarda directa relación con la propuesta aquí desarrollada. Asimismo, trabajos
recientes sobre el símbolo mítico de Aztlán en la teoría de Anzaldúa (Castañeda, 2024)
y sobre las fronteras de género y etnia en contextos latinoamericanos (Balutet, 2014)
confirman que la frontera mestiza opera como dispositivo simbólico de jerarquización
cultural, un eje que la TFSM desarrolla con especificidad para el caso ecuatoriano.
La TFSM se distingue por tres aportes: (1) Propuesta latinoamericana original:
no importa únicamente la colonialidad externa sino la autocolonialidad del mestizaje
como identidad ambigua y jerarquizante. (2) Dimensión psicosocial integral: combina
mecanismos psicológicos como la disonancia cognitiva, la proyección y la autoexclusión
con prácticas sociales e institucionales concretas. (3) Aplicabilidad contextual: se
verifica empíricamente en casos como Otavalo, mostrando cómo el mestizaje urbano
validó la represión indígena desde la superioridad simbólica.
Modelo conceptual: dimensiones psicológica, social y política
La TFSM se articula en tres niveles interconectados. En la dimensión psicológica,
el mestizo urbano vive una ambigüedad identitaria. Rechaza sus raíces indígenas para
afirmarse como moderno; este rechazo se proyecta sobre el otro indígena, generando
distancia simbólica y justificando exclusión (Fanon, 1952; Festinger, 1957). Se activan
mecanismos de disonancia, vergüenza ancestral y búsqueda de legitimidad, similares
a los descritos por Walsh (2009) como “blanqueamiento simbólico”. En la dimensión
social, el mestizaje como identidad dominante reproduce jerarquías raciales en la
educación, los medios y el espacio público (Bourdieu, 1991; Quijano, 2000). El mestizo
ocupa un lugar de mediador entre élites y comunidades subalternas, manteniendo
el control discursivo sin ceder poder, función que Balutet (2014) vincula al carácter
ambivalente de la frontera genérico-étnica en el imaginario latinoamericano. En
la dimensión política, en contextos de movilización, el Estado utiliza al mestizo
como justificador simbólico de la represión (Mbembe, 2003). El mestizaje permite
“folklorizar” lo indígena, pero cuando este exige derechos políticos, se activa la
represión legitimada socialmente (Anzaldúa, 1987; Walsh, 2009). El mestizaje sirve
así de pantalla simbólica para ocultar el racismo estructural.
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Representación dinámica del modelo
El modelo dinámico de la TFSM puede resumirse así: la identidad mestiza produce
un conflicto psicológico interno que lleva a la autoexclusión de lo indígena, a la
proyección del rechazo y a la reproducción de la jerarquía (Fanon, 1952; Freire, 1970).
Ese proceso subjetivo alimenta la legitimación de la violencia simbólica y material
(Bourdieu, 1991; Mbembe, 2003). En otras palabras, las tensiones identitarias se
traducen en prácticas concretas de exclusión y violencia, y el mestizaje actúa como
un operador simbólico que permite justificar el control social sin recurrir siempre a
la coerción directa. Esta dinámica coincide con lo que Firpo Reggio (2019) denomina
la “dimensión situada” de la frontera: una construcción que opera mediante símbolos
pero produce efectos materiales sobre cuerpos y subjetividades concretas. La TFSM
constituye así un marco analítico que revela la lógica de la exclusión desde el corazón
mismo del proyecto mestizo latinoamericano, conectando las aportaciones de Anzaldúa
(1987), Walsh (2009) y Batres (2014) con las especificidades del contexto ecuatoriano
contemporáneo.
III. METODOLOGÍA
Enfoque cualitativo crítico
La investigación se basa en un enfoque cualitativo con perspectiva crítica y
descolonial. Se privilegia la comprensión profunda de los sentidos, discursos y prácticas
que emergen en torno al conflicto de Otavalo, partiendo de la premisa de que la
realidad social está construida simbólicamente y que el conocimiento científico debe
visibilizar estructuras de dominación encubiertas.
Fuentes de información
Se utilizaron múltiples fuentes para lograr una triangulación teórica y empírica:
prensa nacional ecuatoriana (El Universo, El Comercio, Primicias y Plan V, junio-julio
2025); informes de derechos humanos (Comisión Ecuménica de Derechos Humanos
“CEDHU”, 2025; Amnistía Internacional, 2025); testimonios reconstruidos de líderes
kichwas, familiares de víctimas y comerciantes; y documentos oficiales emitidos por
la Policía Nacional y el Ministerio del Interior.
Técnicas de análisis
Se aplicaron tres técnicas principales. Primero, análisis del discurso: se examinaron
narrativas de medios, autoridades y redes sociales para identificar estigmatizaciones
y construcciones simbólicas del “enemigo”. Segundo, revisión documental: se
contrastaron versiones institucionales y comunitarias para rastrear la actuación
estatal y su legitimación simbólica. Tercero, análisis psicopolítico: se interpretaron
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dinámicas emocionales colectivas como la disonancia cognitiva, la proyección y la
internalización del racismo desde una perspectiva de psicología social crítica.
Consideraciones éticas
Se garantizó la confidencialidad de los testimonios y se adoptó un enfoque de
justicia epistémica, reconociendo los saberes indígenas como fuentes válidas de
conocimiento. La investigación evitó toda forma de exotización o victimización de las
comunidades involucradas, priorizando su agencia, dignidad y capacidad de análisis.
IV. RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Activación de la frontera simbólica durante las protestas
Durante las protestas en Otavalo, se evidenció cómo el mestizaje operó como una
frontera simbólica. Mientras los manifestantes indígenas eran tratados como amenaza
al orden, los sectores mestizos urbanos se mostraron en su mayoría indiferentes o
justificaron la represión.
“Mi hijo fue detenido solo por estar con poncho y wipala. La policía no pre-
guntó nada. Nos dijeron que había que ‘limpiar las calles” (Madre kichwa,
junio del 2025).
Este lenguaje revela cómo el cuerpo indígena fue leído como un signo de desorden.
La supuesta neutralidad cultural del Estado se disolvió al emerger el conflicto: el
mestizaje se alineó con el control simbólico y físico del territorio. Este hallazgo es
consistente con lo descrito por Mbembe (2003) respecto a la necropolítica: la decisión
estatal sobre qué cuerpos son sacrificables no es arbitraria, sino que responde a
jerarquías raciales histricamente sedimentadas. En términos de Quijano (2000), la
colonialidad del poder reemergente en Otavalo actualiza la clasificación racial como
fundamento del orden social, confirmando la hipótesis central de la TFSM.
Participación del mestizo urbano en la reproducción simbólica de la
violencia
En redes sociales y medios locales se observó un patrón de validación de la violencia.
Expresiones como “los indígenas no entienden la ley” o “ellos siempre destruyen todo”
fueron recurrentes.
“Nosotros trabajamos, ellos solo protestan. Por eso el gobierno debe poner
orden, aunque sea con gases” (Comerciante mestizo, Otavalo, junio del 2025).
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Esta actitud refleja una distancia simbólica: el mestizo se posiciona como parte
del Estado moderno, desvincúlandose de sus raíces compartidas con el pueblo
indígena. La disonancia cultural se traduce en desprecio, y la frontera simbólica se
activa como mecanismo de defensa identitaria. Este mecanismo guarda estrecha
relación con el concepto de “vergonzante” descrito por Batres (2014): el sujeto mestizo
que rechaza su herencia indígena para proyectar hacia el otro la inferioridad que
inconscientemente teme portar. Bourdieu (1991) denominaría este proceso violencia
simbólica interiorizada, en tanto el agente no percibe la dominación que reproduce
sino que la experimenta como sentido común o juicio moral legítimo.
Internalización del racismo y disonancia mestiza
Desde la psicología social se identificaron signos de autoexclusión en jóvenes
mestizos.
“Yo soy mestiza, pero no me gusta que me confundan con indígenas, uno
tiene que progresar, ¿no?” (Estudiante universitaria, entrevista anónima).
Este tipo de afirmación muestra cómo opera la vergüenza ancestral y la necesidad
de diferenciación. El mestizo se construye por oposición: se autoafirma negando el
componente indígena, reforzando simbólicamente la jerarquía. Esta dinámica coincide
con los hallazgos de Freire (1970) sobre la internalización del opresor: el oprimido que
asimila los valores del dominador termina reproduciendó el esquema de subordinación
desde adentro. En la misma línea, Fanon (1952) describió cómo la colonización produce
sujetos que rechazan su propia corporalidad raíz para acercarse simbólicamente al
modelo blanco-civilizatorio. El caso de la estudiante universitaria ejemplifica este
proceso en el Ecuador contemporáneo, donde la movilidad educativa se articula con
el deseo de distanciamiento simbólico respecto a la identidad indígena.
El cuerpo indígena como territorio político
Las movilizaciones también fueron leídas como una reapropiación simbólica del
espacio. Las whipalas, los cantos en kichwa y los cuerpos en marcha desafiaban la
narrativa mestiza dominante.
“Nos dicen salvajes, pero somos los mismos que les venden artesanía en la
feria. Cuando pedimos respeto, nos tiran gas. Eso también es racismo” (Joven
kichwa, junio del 2025).
Este testimonio evidencia la doble moral del mestizaje folklorizante: el indígena es
bienvenido mientras se mantenga en un rol estético o comercial subordinado. Cuando
reclama derechos, se reactiva la frontera simbólica y se lo sanciona. Este patrón ha
sido documentado en otros contextos por Walsh (2009), quien distingue entre la
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“interculturalidad funcional” —que integra la diferencia sin cuestionar la estructura
de poder— y la “interculturalidad crítica”, que exige transformación estructural. En
Otavalo, la whipala y los cantos en kichwa funcionaron como actos de interculturalidad
crítica que desafiaron el orden mestizo, lo que activó la represión como mecanismo de
restitución de la frontera simbólica. Este proceso conecta con lo que Anzaldúa (1987)
denominó el trauma de la frontera: el momento en que la identidad marginalizada
ocupa el centro y es violentamente desplazada de regreso a los márgenes.
Comparación y alcances regionales
Casos comparables: pueblo mapuche (Chile) y comunidades andinas (Perú)
El fenómeno descrito en Otavalo guarda semejanza con procesos similares
observados en otras regiones andinas y del Cono Sur. En Chile, el pueblo mapuche ha
sido históricamente criminalizado cuando exige el reconocimiento de sus territorios
ancestrales. La represión estatal —frecuentemente militarizada— opera con
mecanismos de deshumanización similares, donde el cuerpo mapuche se convierte
en “enemigo interno” y el discurso nacional mestizo invisibiliza su diferencia cultural.
En Perú, durante las protestas de Ayacucho en 2022, la violencia estatal dirigida
contra campesinos quechuas evidenció un racismo estructural enmascarado bajo
argumentos de orden público. La prensa limeña construyó imágenes estigmatizantes
de “radicales” y “atrasados”, reactivando fronteras simbólicas entre lo urbano mestizo/
moderno y lo andino indígena/periférico. Estas narrativas muestran que el mestizaje
no opera como integración armónica, sino como una frontera latente que se actualiza
en contextos de crisis.
Aplicabilidad de la TFSM a otros contextos latinoamericanos
La TFSM puede ser aplicada como herramienta analítica para entender otros
escenarios en América Latina donde el mestizaje opera como dispositivo simbólico
de exclusión. En países como México, Bolivia, Guatemala y Colombia, se constata
que la identidad mestiza sigue funcionando como parámetro de “ciudadanía válida”,
mientras que lo indígena o afrodescendiente se representa como residuo del pasado
o amenaza al progreso.
Esta teoría permite reinterpretar los conflictos étnicos no solo como reacciones
locales, sino como síntomas de una matriz colonial persistente. Al identificar las capas
psicológicas, sociales y políticas de la frontera simbólica, la TFSM ofrece una lectura
transversal y crítica que complementa los enfoques estructurales y jurídico-políticos.
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V. CONCLUSIONES
El caso de Otavalo (Ecuador, 2025) demuestra que la represión estatal contra
la protesta indígena no puede entenderse únicamente como una respuesta
coyuntural al desorden público, sino como la expresión de una estructura
histórica de racialización que sigue activa bajo el discurso de la interculturalidad.
La Teoría de la Frontera Simbólica Mestiza (TFSM) propuesta en este trabajo
permite comprender que el mestizaje, lejos de ser únicamente una identidad de
“mezcla” o de encuentro, funciona como una frontera simbólica que diferencia,
clasifica y legitima formas de violencia material y simbólica. Esa frontera no es
abstracta: se activa sobre cuerpos concretos. El cuerpo indígena movilizado es
construido como amenaza interna; el cuerpo mestizo urbano es narrado como
orden, ciudadanía y normalidad. Esa asimetría identitaria permite justificar
la criminalización del primero para proteger los privilegios del segundo.
Desde una perspectiva psicosocial crítica, se mostró cómo sectores mestizos
reproducen el lenguaje estatal de seguridad y “limpieza” para avalar el uso de
fuerza contra comunidades indígenas. Esta legitimación social de la represión
revela que el racismo estructural en Ecuador no opera solamente desde arriba
(Estado), sino también desde adentro (subjetividades mestizas que internalizan
jerarquías coloniales). La TFSM hace visible ese engranaje entre culpa histórica,
vergüenza identitaria, deseo de blanqueamiento y aceptación de la violencia.
Este hallazgo tiene tres implicaciones. Primero, obliga a repensar la
interculturalidad no como política decorativa, sino como campo de disputa
real por el reconocimiento político del sujeto indígena como interlocutor
legítimo. Segundo, evidencia que el control del territorio indígena pasa por
el control del cuerpo indígena: detenerlo, disciplinarlo, silenciarlo. Tercero,
señala una tarea urgente: descolonizar la identidad mestiza. Descolonizar la
identidad mestiza implica dejar de ver al indígena como folclore comercializable
o como fuerza desestabilizadora, y reconocerlo como actor político pleno, con
derecho a protesta, autodeterminación y dignidad.
En términos prácticos, la TFSM puede emplearse como herramienta analítica
y también como herramienta política. Analítica, porque permite mapear
los mecanismos simbólicos que normalizan la violencia racializada en
contextos de protesta. Política, porque ofrece a comunidades indígenas,
organizaciones de derechos humanos y defensores territoriales un lenguaje
preciso para denunciar la criminalización estructural del cuerpo indígena
y para exigir responsabilidades al Estado y a la sociedad mestiza. En ese
sentido, la desactivación de la frontera simbólica mestiza no es solo un debate
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académico, sino una condición mínima para cualquier proyecto serio de justicia
intercultural en América Latina.
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